La cría de la paloma brava, nacida en palomares tradicionales de madres en vuelo libre. Un producto escaso, intenso y con siglos de historia detrás.
El pichón bravío es más pequeño y más oscuro que el industrial: carne granate, casi negra, magra y proteica, de sabor pronunciado. Se consume alrededor del mes de vida, con 120–150 gramos de peso, alimentado de forma natural por sus padres — no existe el pichón de pienso en un palomar.
Frente a las aves de granja francesas, el bravío juega en el territorio de la caza: profundidad, hierro, campo. Es el ave para asados en dos cocciones, escabeches y guisos de fondo.

Nuestras madres vuelan libres en el palomar y alimentan ellas mismas a sus crías — en un palomar no existe el pienso. Cada pareja saca adelante entre 10 y 14 huevos al año bajo un método tradicional: una fracción de lo que produce una granja industrial, y exactamente por eso sabe a lo que sabe. Cada pichón se atiende a mano, uno a uno, hasta el día del sacrificio.
La selección de madres autóctonas, la vigilancia de la crianza y el sacrificio en matadero autorizado de la comarca cierran un círculo con trazabilidad documentada del palomar a la mesa: cada lote viaja con su guía sanitaria y su certificado de origen.
La cría en palomar nos da fresco todo el año; el pico natural de primavera y verano se envasa al vacío y se congela, para que tu carta no dependa del calendario del ave.
Para escandallos y compras. Si necesitas algo que no está aquí, pregúntanos: respondemos en el día.